sábado, abril 28, 2007

Cómo me gusta(ba) escribir...!!!




Qué experiencia la de hoy. Me acabo de cambiar de departamento. Como quizás sabrán, soy casado, y el primer departamento que tuvimos con mi mujer era uno de dos dormitorios, con una bodega en el primer piso. Era, además, la primera vez que salía de casa de mis padres, de mi madre, para ser más preciso. Allí el espacio no era mucho, y mi excesiva obsesión por la lectura hizo que se redujera aún más. Así que, en ese entonces, empaqué mis libros, las cosillas que había escrito, mis apuntes de universidad (nunca estará de más guardarlos, pues servirán para el futuro, me dije), y las puse en el entretecho, donde acumularon polvo, arañas, la caminata secreta de algún ratón subversivo, qué se yo. La cosa es que estuvieron por años guardados allí. Hasta que "el lindo" se casó. No puedo abusar más de mi madre, y mucho menos quitarle su tan merecido espacio, me dije, por lo tanto, decidí llevarme mis cajitas con libros a mi flamante primer dormitorio arrendado.

Tenía la secreta esperanza de poder sacarlos. Los echaba de menos, necesitaba su olor a papel humedecido, los recuerdos, tantos recuerdos, el olor a mi papi, a palto, a patio, a calor, a temblores, a una entierrada de antología, a un baño calientito, a pelota, a todas las cosas que hacía cuando los leía.

Pero bueno, la falta de recursos (por ende, de muebles) propia de un matrimonio adolescente (adolescente, de adolescer, o sea, que no teníamos muchas cosas), hizo que mis libritos hicieran un largo viaje en sus mismas cajas, desde el entretecho de la casa de mi madre a la bodega de mi recién casado departamento. La pena fue profunda. Me resigné a mantener las cajitas ordenadas, medianamente limpias, y a abrirlas un poquito, a veces, extrañarlos, saludarlos, y volver a cerrarlas.

El caso es que nos acabamos de cambiar de departamento, con un dormitorio más, pero adivinen! No tiene bodega! Por lo tanto, tengo la excusa perfecta para sacar los libros! Qué bien!. Un poco más de recursos económicos (algo se había podido ahorrar) permitió que pudiera acceder a una repisa. No muy ancha, por cierto, pero sí el inicio de mi sueño: un librero (tener una biblioteca, es como pensar en el cielo: sé que es alcanzable, pero ni siquiera me la puedo imaginar).

Así que dejé durmiendo a mi esposa, y procedí a abri la primera caja. Qué tremendo! Ahí estaban mis libritos, mis apuntes, felices de verme, quizás tanto o más que yo. Apuntes de cálculo, al lado de canciones infantiles, de mis primeros libros, de las Selecciones del Reader's Digest (esas que daba gusto leer, menos esotéricas y menos pseudo-científicas que las de hoy, esas que trascienden a los años). Y mi discurso de fin de año, cuando salí de la escuela primaria (el octavo básico). Pucha que escribía lindo! Ojalá siguiera escribiendo así. Quizás, hasta tendría un blog famoso.

1 comentario:

Anónimo dijo...

me gusta mucho tu blog... es 5 de mayo y aun no hay nada nuevo...