Resulta que mi memoria de título fue bien parafernálica. Era un plan de negocios, de calidad normal, pero más largo que pensamiento de culebra (en Chile es otro el dicho que refleja la "longitud" de algo, pero esta frase me parece más bonita).
Al pasar el tiempo, parece que lo más valioso de mi memoria era la sección de agradecimientos. Era bonita. Por lo menos, a mí me gustaba harto. Y le puse este poema:
Futuro.
“Sentado en la ventana de mis ojos,
oí un tren pasar, y era mi vida;
reí al ver las cosas que han pasado,
lloré al recordar que ya se iban.
Pero hoy, en la estación del ‘no-regreso’,
sólo veo una gran luz que me ilumina;
la luz que día a día me ha alumbrado,
hoy me dice que un gran día se avecina”.
Oye, si es bonito el poema.
En todo caso, me gustó más hacer el poema que el resto del libro.
¿Por qué en Chile es tan difícil vivir de la poesía?
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