
Resulta que estoy haciendo un Diplomado. La verdad es que me ha sido difícil volver a clases. Por lo tanto, se me ocurrió, para congraciarme con mi profesor, llevarle la infaltable, rica y saludable manzanita, elemento esencial en las acciones que todo buen niño realiza para agradecer la entrega irrestricta de un profesor hacia sus alumnos (y, de paso, asegurar un promisorio futuro de notas elevadas y anotaciones positivas).
En consecuencia, y en un gesto hacia mi ya casi olvidada niñez, aparté una manzanita para mi profesor. A todas luces, deseable. Su brillantez no hacía más que translucir un dulce y delicioso sabor.
Evidentemente, me refiero a la manzanita.
Sin embargo, mi amable profesor no se dignó a ir a clases el día que le llevé su manzana. Como consecuencia, la noble fruta volvió a su frutero, en el centro del comedor.
El caso es que, producto de la acción de cierto gusanillo terrorista infiltrado, dicha manzanita se pudrió. Y ya no tuve otra manzana para llevar, porque al dejarla junto a las otras, éstas también se pudrieron.
"¡Vaya acción terrorista!" - pensé - "¡El crimen organizado es más fuerte de lo que creía!"
Sin embargo, y después de efectuar mis más sentidas demostraciones de dolor antes esta lamentable pérdida, pude hilar varias cavilaciones.
Lo primero que se me vino a la mente es que, al detectar la presencia de una manzana podrida en un frutero, lo óptimo es que sea sacada de inmediato, independientemente de si tiene algunas partes rescatables. También me dí cuenta de mi irresponsabilidad al no observar, con cierta periodicidad, la evolución del estado de las frutas en mi frutero, ni poner controles para impedir la acción de gusanos terroristas infiltrados.
No obstante, y en un brusco giro motivado (quizás) por un exacerbado sentido del respeto a los demás, la siguiente reflexión tuvo que ver con el derecho a la vida del gusano terrorista infiltrado. Quizás, tratar a un gusanillo con el mote de "terrorista infiltrado" no era lo más justo para un ser vivo que, seguramente, no pidió estar allí; quizás fue arrastrado por otros seres más inteligentes, o bien más necios que él; quizás nunca tuvo las oportunidades que otros gusanillos sí tuvieron...
En fin. Decidí, por tanto, dejar de usar la expresión de "terrorista infiltrado" para referirme al ser vivo que provocó la pérdida de mis manzanitas. En adelante lo denominaré, únicamente, como "gusanillo".
Luego, pude concluir que el problema del gusanillo no es, en sí, haber participado en la putrefacción de mis manzanitas, sino que, en el libre ejercicio de su derecho a la vida, no respetó mi propia libertad de alimentarme con manzanitas que para tal efecto había yo adquirido. Fue entonces que me dí cuenta de que el problema de la putrefacción de mis manzanas por la acción de un gusanillo no es tanto biológico, sino profundamente ético.
En este contexto, un paso más adelante en la reflexión dice relación con mi propio derecho de alimentarme versus el derecho de vivir del gusanillo. ¿Puedo yo, teniendo libertad de elegir otros cientos de variedades de frutos, decidir comer la manzana que sirve de hogar para un mísero gusanillo?
El resultado de todo es que estoy en el comedor, tengo hambre, el frutero está a mi lado, lo único que quiero comer es una manzana, están todas podridas y todavía no me decido a comprar otras, porque no puedo saber qué otros daños puedo hacer a los gusanillos... o al resto del universo.
En fin... buenas noches!
En consecuencia, y en un gesto hacia mi ya casi olvidada niñez, aparté una manzanita para mi profesor. A todas luces, deseable. Su brillantez no hacía más que translucir un dulce y delicioso sabor.
Evidentemente, me refiero a la manzanita.
Sin embargo, mi amable profesor no se dignó a ir a clases el día que le llevé su manzana. Como consecuencia, la noble fruta volvió a su frutero, en el centro del comedor.
El caso es que, producto de la acción de cierto gusanillo terrorista infiltrado, dicha manzanita se pudrió. Y ya no tuve otra manzana para llevar, porque al dejarla junto a las otras, éstas también se pudrieron.
"¡Vaya acción terrorista!" - pensé - "¡El crimen organizado es más fuerte de lo que creía!"
Sin embargo, y después de efectuar mis más sentidas demostraciones de dolor antes esta lamentable pérdida, pude hilar varias cavilaciones.
Lo primero que se me vino a la mente es que, al detectar la presencia de una manzana podrida en un frutero, lo óptimo es que sea sacada de inmediato, independientemente de si tiene algunas partes rescatables. También me dí cuenta de mi irresponsabilidad al no observar, con cierta periodicidad, la evolución del estado de las frutas en mi frutero, ni poner controles para impedir la acción de gusanos terroristas infiltrados.
No obstante, y en un brusco giro motivado (quizás) por un exacerbado sentido del respeto a los demás, la siguiente reflexión tuvo que ver con el derecho a la vida del gusano terrorista infiltrado. Quizás, tratar a un gusanillo con el mote de "terrorista infiltrado" no era lo más justo para un ser vivo que, seguramente, no pidió estar allí; quizás fue arrastrado por otros seres más inteligentes, o bien más necios que él; quizás nunca tuvo las oportunidades que otros gusanillos sí tuvieron...
En fin. Decidí, por tanto, dejar de usar la expresión de "terrorista infiltrado" para referirme al ser vivo que provocó la pérdida de mis manzanitas. En adelante lo denominaré, únicamente, como "gusanillo".
Luego, pude concluir que el problema del gusanillo no es, en sí, haber participado en la putrefacción de mis manzanitas, sino que, en el libre ejercicio de su derecho a la vida, no respetó mi propia libertad de alimentarme con manzanitas que para tal efecto había yo adquirido. Fue entonces que me dí cuenta de que el problema de la putrefacción de mis manzanas por la acción de un gusanillo no es tanto biológico, sino profundamente ético.
En este contexto, un paso más adelante en la reflexión dice relación con mi propio derecho de alimentarme versus el derecho de vivir del gusanillo. ¿Puedo yo, teniendo libertad de elegir otros cientos de variedades de frutos, decidir comer la manzana que sirve de hogar para un mísero gusanillo?
El resultado de todo es que estoy en el comedor, tengo hambre, el frutero está a mi lado, lo único que quiero comer es una manzana, están todas podridas y todavía no me decido a comprar otras, porque no puedo saber qué otros daños puedo hacer a los gusanillos... o al resto del universo.
En fin... buenas noches!
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